"Relaciones contaminantes"

La Culpa contaminante I

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Veremos algunos puntos sobre la culpa contaminante.

 

Nuestra percepción de la realidad es a través de las emociones.  Si estas no son sanas, nuestra conducta, resultado de ellas, nos acarreará relaciones contaminantes.  Eso pasa con la culpa tóxica que bloquea la posibilidad de disfrutar la vida.

 

Es importante por esto mismo, cuestionar nuestras culpas y así liberar la carga que nos imponen.

 

Identificar qué tipos de culpa existen, es necesario para empezar a trabajar este tema.

 

Existe la culpa real que es la que se produce cuando se transgrede una ley, ya sea moral, universal o divina, teniendo conciencia de ello.  Esta culpa es positiva porque nos muestra que nos equivocamos y nos da la oportunidad de remediar el daño, cambiar conductas.

 

La culpa contaminante es la que proviene por causas emocionales.  Este tipo de culpa lo tiene enraizado la persona en su mente por los “deberías” que escuchó de sus mayores, de las personas que tenían el poder.    La voz de esos “deberías”, que las entiende como verdades universales, despiertan la culpa tóxica.  

 

Esta emoción, culpa contaminante,  es muy utilizada para manipular.  Date cuenta al leer las siguientes frases de la carga que tienen estas sentencias:   

 

Debería de no quejarme…  Debería de ser feliz…  Debería de ayudar a todos los de mi familia… Debería obedecer a los que saben más que yo…

 

Sólo liberándose de los deberías te respetas y respetas a los demás.

 

La actitud de los padres frente a los errores que cometen sus niños son semillas sembradas en la infancia que se crecen y fabrican raíces muy profundas. Por esta razón es que ya adultos, tienen tal carga de culpa tóxica que las personas se cuestionan hasta del privilegio de estar vivos o disfrutar de una buena comida, o de un buen descanso. 

Existen algunas situaciones en nuestro pasado que son generadoras de culpa y que es necesario reconocerlas para evitar que los hijos se empiecen a culpar.  No podemos evitar las circunstancias, pero sí necesitamos cambiar el enfoque.

 

- Eventos traumáticos en la familia de origen.  Enfermedades, separaciones conyugales, accidentes, pérdidas económicas.  Si una persona, ya lejos de sus padres y hermanos, con su pareja e hijos le va bien en la vida es candidato a cargas culpas contaminantes en el caso de que sus parientes continúen teniendo problemas.

 

- Sucesos negativos que exigen atención.  Ante necesidades de parientes con problemas de salud o económicos por ejemplo, que piden ayuda de forma lastimosa:  “Tú a quién la vida te ha favorecido…” y para acentuarlo más no hacen nada para solucionar el problema… hace que la persona culposa se enganche.

 

- Pensar que hay personas que sufren más.  Recuerda esta frase que casi todos escuchamos cuando niños:  “¿Cuántos quisieran tener lo que tú tienes?  Por eso de adultos se dice:  “¿Te puedo robar un minutito?”  “Si no es mucha molestia, ¿podrías quitar tu pie de encima del mío?”

 

- Ser diferente.  La persona que llega a ser distinta al resto de su familia se le considera como “traidora” y ella vivirá sintiéndose culpable.

Bibliografía

“Emociones Tóxicas”

Bernardo Stamateas

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