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"Introducción a las emociones contaminantes"

 

 

                     

 

  Por: Guadalupe Cervantes - Pacheco

Después de revisar lo que es una relación contaminante, haremos lo mismo con la emoción que a mi juicio es la que rige ese comportamiento.

 

Así como los pensamientos y las conductas, las emociones forman parte de nosotros.  Están ahí, presentes en cada momento para ser sentidas, pero de ninguna forma para dominarnos y al hacerlo, provocar relaciones contaminantes.    Viven con nosotros “para darle sabor a la vida”, no para “intoxicar el alimento de cada día”.

 

Las emociones son un tesoro o una pesadilla, es una elección personal.  No pueden ser controladas desde fuera; todo lo que sientes, en ti está, tú la has formado y la gozarás o lamentarás.  Por eso es necesario visualizarlas bien y mantenerlas a raya.  Es la única forma de que no se conviertan en una fuente de contaminación.

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Todas nuestras emociones son herramientas extraordinarias para conocernos mejor.  Son el hilo conductor para saber quiénes somos. Oigamos la voz de una ellas, que es lo que nos diría cuando la estamos experimentando.

 

“Hola,  Estoy aquí presente para que te des cuenta, lo que estabas pensando antes de que llegara, para que reconozcas las heridas que has sufrido desde pequeño y aún te siguen doliendo.  Te invito a que conozcas tu historia personal y te hagas responsable de tus circunstancias”

 

Eso nos puede decir el enojo, la frustración, la culpa, el miedo, los celos, la angustia, la depresión, la insatisfacción, el duelo, el rechazo, entre otras.  Todas ellas son parte de nosotros, “son nuestros hijos”; nos ayudan a sanar, a tener energía, en el caso de que las emociones sean parte de nuestra herramienta de crecimiento.  Si no es así, si les quitamos “nuestra paternidad”, las desconocemos, se convertirán en emociones contaminantes que te impedirán tener una vida saludable, plena.

 

Nadie hace que te pongas iracundo o depresivo, por ejemplo; cada uno de nosotros decide vivir y descontrolarse ante una emoción. Tu responsabilidad en este aspecto es fundamental.

 

Y por supuesto, nadie te puede reprochar que por culpa tuya viva frustrado o con angustia.  No compres el boleto, la otra persona ha tomado la decisión de vivir su emoción y no hacerse cargo de ella.

 

El próximo mensaje que recibirás será sobre lo tóxico del enojo, que pienso, viene al caso en la relación contaminante de la agresión verbal.