que yo acepte que me pongas en ridículo

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que yo acepte que me pongas en ridículo

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Elena, una mujer de 50 años,  llegó a mi consultorio y con la voz entrecortada me dijo: ¡En la oficina soy una leona y en mi casa un ratón!.

 

Elena tiene como muchas mujeres doble jornada laboral, trabajan fuera y dentro de su casa.  Su marido es filósofo de profesión y  hace 5 años no tiene trabajo,  argumenta que no encuentra algo  de su nivel.

 

Al cuestionarle a Elena el por qué se siente como un ratón en su casa si es la proveedora de la economía de su hogar y como ella misma dice, “leona en su trabajo”, hace un silencio y después de un rato, responde;  cuando hay personas, como mi familia, la de él o frente a los amigos, la mayoría de las veces Ernesto me hace comentarios como: “los chorizos y tú se ven iguales cuando te pones ese vestido, muy buena para las ventas, pero miren que desastre es para la cocina, ella y su familia escuchan y leen pura basura” etc.  Cuando él hace todos estos comentarios, yo empiezo a sentirme tan pero tan pequeña como un ratón.

Durante el proceso en terapia Elena ha descubierto :

 

-  Está repitiendo lo que vio en su casa con su mamá, que también sufrió del maltrato por parte de su papá, con la diferencia en que Elena es la que trabaja y mantiene a su familia y su mamá nunca trabajó fuera de casa.

 

-  Que la agresión no sólo es frente a los demás, también es simbólica, esto significa, que no es sólo verbal, también es con muecas, sonidos como: oinc, oinc cuando está comiendo algo, en momentos nadie entiende pero él la mira y ella sabe que empezaron las burlas.

-  También ha podido darse cuenta que Ernesto tiene miedo de la gran capacidad que ella tiene para llevar no sólo su casa, sino también su trabajo. Él se siente “inferior” y amenazado, porque aunque no hace nada por conseguir un trabajo, le enoja que sea ella la que mantenga a su familia, por lo que criticándola  y minimizando lo que hace, logra que ella dude y crea que él tiene la razón.

 

-  En terapia Elena aprendió no sólo a reconocer todas sus capacidades y habilidades, sino a ponerle un alto a Ernesto dejando atrás su papel de víctima y encontrando todo lo que ella tiene que cambiar y lo que ya no quiere de la relación para ver si sigue con su marido. 

Si tienes alguna opinión o comentario que quieras hacer al respecto estoy abierta a escucharte, entra a contacto y no dudes en dejarnos tus datos.

 

¡Hola! Aquí encontrarás actitudes en relaciones reales, reflexiones, cuentos o simplemente frases  que tienen que ver con los diferentes tipos de violencia: física, económica, sexual, emocional  y también algunos otros temas que iré mencionando según sea el caso.

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Por Paulina Rébora

         

ALBERTO:      

Alberto es un hombre que constantemente se burla de Julia y es más notorio cuando hay otras personas, al grado que sus hijas se le unen para exhibirla.  Su frase es “¿Y ahora que creen que hizo Julia?”, como buscando la aprobación del grupo o quienes estén y la descalifica de todo lo que hace.  

 

JULIA:  

Julia cuando Alberto empieza a criticarla y ponerla en ridículo delante de las demás personas, primero se quedaba callada, mirándolo, a veces se levantaba llorando y se iba.  Ahora ya le contesta, pero siempre está estresada, enojada y quejándose de todo con los demás. Como cada uno se mantiene en su postura, no pueden arreglar sus diferencias.

 

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Julia soporta las burlas y el maltrato de Alberto porque cree que aguantarlo es parte del amor, también al “ser”  la víctima de su esposo, tiene lo que se llama ganancias secundarias, como el ser la buena y obtener la lástima de los demás. No se ha dado cuenta que la única que puede poner un alto,  es ella.

NADIE MÁS ES CULPABLE DE LO QUE TE PASA

Del libro de Antón Teruel

“Vivir en Paz”

 

Tal vez tu mente te engaña utilizando razones falsas en las que la memoria es cómplice.  En realidad, no es bueno creer en todo lo que piensas, sobre todo cuando te hace mal.  A veces la memoria se suma a esta tendencia al dolor y puede mandarte recuerdos engañosos, en los que revives circunstancias en las que alguien te dañó causándote traumas y eventos desagradables, lo cual ahora puedes estar trasladando a tu experiencia más cercana y suponer que es causa de otros y que, además, es tan duro y complicado como otras veces. 

 

Y, sobre todo, puedes estar buscando al culpable allá afuera, cuando en realidad no existe otro que tu propia actitud ante la vida.  Por eso los pensamientos que vienen del recuerdo pueden ser malos consejeros que justifican tu pequeñez y derrota.  Increíbles son las maneras en que esa parte oscura de la personalidad trata de mantenerte atrapado en el dolor.  He descubierto que cuanto más responsabilizo a otros de mis carencias y penas, más me aferro a ese estado de dolor.

Aunque hay personas que a veces, de una forma clara, influyen negativamente en tu vida, en realidad ellas son tan sólo el medio a través del cual tu ser busca encontrarte, llenarte de luz y facilitarte el despertar de tu conciencia espiritual. 

 

Nadie puede querer a alguien que de forma deliberada se ha aprovechado de uno y te daña con actitudes agresivas como ponerte en ridículo ante los demás.  Por lo tanto, no te pido que lo ames y lo perdones, porque eso me sonaría a un cliché que ha fracasado casi siempre.  En cambio, puedes asumir una actitud valiente.  Deja que el tiempo ponga las cosas y a las personas donde les corresponde y trata por todos los medios de liberarte del rencor, dejando de darle vueltas una y otra vez a los pensamientos que te ligan a esa creencia de que otros son la causa de tu desgracia.  No es bueno auto engañarte con ideas, recuerdos e interpretaciones que te llevan a pensar que tu malestar es producto de los demás.  Por favor y de una vez, adopta esta tercera postura firme ante la vida: 

 

“Nadie más es culpable de lo que te pasa,  tú eres responsable de estar mejor y por supuesto que las demás personas te traten bien, no ridiculizándote.                                                                                              

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