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Relaciones contaminantes  

Introducción I

Por Guadalupe Cervantes-Pacheco

¿Quién de nosotros no ha experimentado en diferentes momentos de su vida que hay personas con las que nos resulta difícil relacionarnos?  Esto pasa en el ambiente familiar, laboral, amistades. Nos encontramos en algún episodios de la vida con el mandón que exige cumplir sus ordenes, con el déspota que ha decidido hacer la vida de uno imposible, con el envidioso que nos mira siempre por la rendija de su tristeza y nos hacía receptáculo de todas sus frustraciones.

 

¿Quién de nosotros no se ha enfrentado a sí mismo en sus rasgos manipuladores, descalificadores, agresivos, chismosos y por tanto eso nos ha llevado a quedarnos poco a poco como “apestados”, porque huyen precisamente del “mal olor” que despedimos por un sufrimiento mal encauzado?

 

Sobre este tema comentaremos los próximos días, qué hacer, cómo poner límites sin lastimar ni lastimarnos para evitar que esas personas tóxicas pasen al círculo afectivo íntimo.  Qué hacer también con todos esos rasgos contaminantes que se han formado en nosotros y lastiman nuestras relaciones interpersonales.

 

 Algo que es fundamental, y de suma importancia para mi, es que estos mensajes no inviten a enjuiciar a los demás.  Es necesario reconocer fuera, pero más importante reconocer lo que hay dentro de nosotros mismos. 

 

El camino del autoconocimiento con responsabilidad es la forma para conseguir la consideración necesaria, encontrar el equilibrio y la paz interna. 

 

Excepto personas que han nacido con predisposiciones a conductas reprochables, todos hemos llegado a este mundo con un “motor muy bien afinado” para no contaminar a nuestro alrededor, pero el contacto con frustraciones y miedos han ennegrecido la forma de relacionarnos con nuestros semejantes y con nosotros mismos.

 

Hay un dicho que dice; “yo no sé quien me la hizo, pero sí quien me la paga” y así caminamos en la vida a tronche y moche descargando los “gases contaminantes” de nuestro corazón herido.

 

Si tuviéramos conciencia de todo este panorama tóxico que invade nuestro interior, podríamos decidir para uno mismo el “hoy no circulo” en algunos momentos de la vida diaria, sería un rasgo de consideración permanecer a puerta cerrada para no envenenar a las personas y por otro lado también tener claro a dónde no acercarnos so pena de “morir ahogados” por  la falta de aire puro.

 

Les propongo durante el tiempo que dediquemos a las relaciones contaminantes, hacer un ejercicio de “verificación” para medir los gases tóxicos de nuestra mente que ennegrecen nuestro corazón y también la forma adecuada para ponerse a salvo de la asfixia que producen algunas relaciones.

 

Bibliografía

“Gente Tóxica”

Bernardo Stamateas

Editores B, S,A.

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