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"Relaciones contaminantes"

"Triste vida y que se acabe"

I.-  Triste vida y que se acabe I.- La persona quejosa utiliza todas las circunstancias externas como detonadores diarios para su rosario de...

II.-  Triste vida y que se acabe II.- El quejoso solo se lamenta, no busca soluciones porque de esa forma se puede acabar su discurso; los problemas no resueltos se...

III.- Triste vida y que se acabe III.- La queja aumenta la amargura y es una percepción equivocada para plantear un problema.  Es necesario limpiar la circunstancia si se ser...

"Triste vida y que se acabe I"

El perfil tóxico del quejumbroso es a partir de hoy nuestro tema.

 

La persona quejosa utiliza todas las circunstancias externas como detonadores diarios para su rosario de lamentos y quejas…. 

 

Si amaneció el sol a todo resplandor… ¡qué calor voy a padecer todo el día!. 

 

Si amaneció nublado…  ¡qué día tan frío me espera!. 

 

Si amaneció combinadito… ¡qué día tan terrible no puedo saber qué ropa ponerme!

 

El papel protagonista del lamentoso es quejarse a diestra y siniestra, todo es un motivo para pensar que el mundo, el universo entero está contra él.

Algo interesante: la queja,  el lamento es lo primero, luego viene la demanda, le sigue el reclamo y para rematar el enojo.  Y vamos a ver ¿quién es el “santo” que le entra a esta relación contaminante?.  Créanme que los hay y no son tan pocos.  Como dice el refrán;  “nunca falta un roto para un descosido”, por tanto se dan cuerda solitos. 

 

La queja es un deporte nacional:  la competencia de platicar sobre maldades, catástrofes de todos colores y sabores, es un ejercicio diario.  Temas sobran:  política, inseguridad, enfermedades, clima, parientes detestables… etc.

 

Para la persona quejumbrosa no existe el tiempo pasado, todos son agravios en tiempo presente para así poseer mejor repertorio.   Algunos ejemplos en tres renglones seguidos de queja, demanda, enojo.

“Yo fui la única a la que mi mamá no le pudo dar pecho...”

“No me gusta quedarme con antojos,  cúmplemelos”

“Eres igual a mi madre, ella ni el pecho me dio”

 

“No se me puede olvidar cuando mi hermano me arrancó el chupón de mi boca..."

“Tengo que estar lista para que nadie me quite lo que es mío”

“No te atrevas a pasarte de listo como lo hizo mi hermano cuando era muy pequeña”

 

“Me hacían el feo en la escuela, nadie me invitaba a jugar…”

“Toda la gente es envidiosa, todos me sacan la vuelta…”

“Te exijo que no me hagas a un lado”

Todas estos recuerdos pueden ser más o menos ciertos, el problema es que se actualizan todos los momentos desagradables en tiempo presente y sobre todo, se les  reinventa agregando de su cosecha exageraciones.  Así se van esculpiendo tragedias condetalles pasados; de esa forma se escribe el cuento personal, la biografía de Santa Suplicia y por cierto…¡que nadie ponga en duda la veracidad de sus tragedias!, porque serán blanco de su ira.

"Triste vida y que se acabe II"

Las quejas producen insatisfacción, descontento, aumentan resentimientos y reflejan una emoción encapsulada que termina enfermando mente y cuerpo.

 

Muchas personas hacen de su queja un hábito, una forma de vida pensando que si se quejan lo suficiente, el problema desaparecerá o que encontrarán a un ser humano bondadoso que se apiadará de él y le resolverá sus conflictos. 

 

La contaminación de su discurso no solo afecta a la persona sino que le dejará cada vez más sola.

Veamos algunas conductas, las más comunes de los quejosos:

 

- Viven enojados porque sus relaciones interpersonales son muy deficientes.

El quejoso solo se lamenta, no busca soluciones porque de esa forma se puede acabar su discurso; los problemas no resueltos se pudren y eso ahuyenta a las personas cercanas.  El trato con la persona quejumbrosa debe ser considerado, ha sido lastimada, pero es necesario tomar precauciones para no contaminarse.  El tiempo que se invierte escuchando a este tipo de personas quita energía, al hablar de sus sufrimientos ella descarga su pesadumbre y se la pasa a la persona con la que comparte esos momentos.  El quejoso se va “ligerito”, el que lo escuchó se lleva sobre su espalda la carga ajena.

 

La hostilidad encubierta del quejoso traerá enfermedad para su mente y cuerpo.  Se vive una guerra, mental y verbal sin caducidad.

 

- La percepción de la realidad es negativa.

Llueva, truene o relampaguee, salga el sol o sople el viento, la percepción del quejoso es que la vida le ha tendido una trampa, no se puede confiar en nadie porque todos le quieren “ver la cara”.   “Es muy difícil lo que tengo que hacer, su objetivo es burlarse de mí”;  “Es un abuso lo que me pide, sólo quiere hacerme pasar un mal rato”  Son algunas de las frases que en su cabeza dan vueltas.   Miran a los demás como personas más capacitadas, con mejor buena suerte, para así justificar sus quejas y olvidar el potencial que llevan dentro.  Todos son sus enemigos y le será difícil reconocer que el peor de ellos es su actitud, sus conductas.

- El placer favorito del quejoso es el chisme

Del “corre ve y dile” se alimenta el quejoso.  Así es como “vende” el producto de sus quejas y lamentos.  Cuando una persona se atreve a parar sus quejas y a confrontarle, corre el riesgo de romper la relación y con esto tendrá una nueva queja en el repertorio:  la poca sensibilidad de su escucha. 

 

El quejoso pierde tiempo en anécdotas pasadas, no tiene posibilidad de compartir metas ni propósitos.  También es dependiente,  porque espera que alguien más le resuelva su vida, su mente está cerrada, es reiterativo en sus conversaciones.  Pierde tiempo en sus lamentos y lo hace perder a las otras personas.

 

El exitoso valora su tiempo y sabe bien que las quejas es tiempo perdido, se instruye permanentemente, sabe concentrarse en su plan de vida, vive cada momento con intensidad, invierte su existencia en su crecimiento personal.

 

LA ELECCIÓN POR UNA Y OTRA FORMA DE VIVIR ES PERSONAL

"Triste vida y que se acabe III"

El exitoso valora su tiempo y sabe bien que las quejas es tiempo perdido, se instruye permanentemente, sabe concentrarse en su plan de vida, vive cada momento con intensidad, invierte su tiempo en el crecimiento personal. 

"La elección por una u otra forma de vivir es personal"

 

¿Cómo lograr lo que deseas obtener olvidándote de las quejas?

Es importante saber que empezar un diálogo con una queja es iniciarlo con el pie izquierdo. 

“Tú sabes todo lo que he tenido que pasar, por eso te pido que….”

La queja aumenta la amargura y es una percepción equivocada para plantear un problema.  Es necesario limpiar la circunstancia si se quiere ser escuchado con objetividad.  De esa forma el lamento no crecerá al cuadrado.  Mucho mejor algo como esto:

“He decido darme la oportunidad de mirar de forma diferente… ”

Buscar el lado bueno de las hechos ocurridos y buscar los aprendizajes, es la forma de conseguir construir de una vez por todas, un proyecto de vida razonable, próspero, lleno de buen humor.

Es importante también algunas pistas para actuar frente a los quejosos.

 

- Deja que se exprese porque primero tendrás quejas y luego, si no lo haces, harás frente a sus enojos.  Quejarse es su alimento emocional.

 

- No intentes solucionar sus problemas porque luego se quejará de tu ayuda si las cosas no salieron como lo esperaba y si se logro algo con tu intervención, te buscará en el futuro para que le soluciones todo.

 

- No trates de que entre en razón, el quejoso no entenderá nada hasta que él decida transformar su actitud.

Ahora te entrego algunas frases para tu reflexión:

El pesimista se queja del viento,

el optimista espera que cambie,

el realista ajusta las velas.

 

Las quejas son el lenguaje de la derrota

 

Una madre productiva no tiene tiempo para quejarse

 

Si tiene remedio ¿por qué te quejas?

Si no tiene remedio ¿Por qué te quejas?

Bibliografía

“Desaprendiendo para vivir”

Ma. Guadalupe Cervantes – Pacheco

“Gente tóxicas"

Bernardo Stamateas

B, S. A.

 

 
 
 

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