"Ansiedad contaminante I"

Después de recorrer las relaciones contaminantes de las personas que les gusta ser vistas a través de su máscara con perfil histriónico y narcisista, sería bueno asomarnos a una emoción tóxica que muy posiblemente este tipo de personas lo padezca.
 
La ansiedad es una emoción que aparece cuando se percibe una amenaza y como reacción normal nos permite afrontarla. Esta emoción se apodera primero de la mente y luego continúa con el cuerpo:  inquietud, dolor de cabeza, malestar estomacal.
 
¿Qué sucede cuando pasamos de vivir un momento de ansiedad a estar constantemente ansiosos?  Que percibimos cada situación nueva como un desafío que tortura, como un sufrimiento que tenemos que experimentar.
 
La ansiedad crónica es tóxica cuando el temor es excesivo e irracional en las circunstancias de cada día.  Esta emoción contaminante se puede vivir con desánimo, tristeza e incluso depresión o en caso contrario llevar una existencia con el acelerador a fondo.  Ambas situaciones conllevan problemas en las relaciones interpersonales.
 
Cuando se ansía mucho algo y no se consigue es fácil desanimarse y sentir que nada tiene sentido.  La ansiedad no sólo impide experimentar emociones positivas, como la alegría o el amor, sino que no nos permite disfrutar la vida.

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El inicio de la ansiedad está en la mente.  Brinca a partir de una idea, y ahí está la clave: son aquellos pensamientos que el cerebro, de manera equivocada interpreta como reales, el principio del estado emocional ansioso que se padece.

La ansiedad es una emoción tóxica muy común en estos días.  Basta echar un vistazo al periódico, a los noticieros, para empezar a morderse las uñas o alimentarse sin tener hambre, a sufrir comezón sin una causa clara.   Algunas personas sufren estreñimiento a otras más se les cae el cabello, entre otros síntomas. Todas estas son llamadas de atención que indican la presencia de la ansiedad.  Aunque externamente queramos negar que no se está ansioso, el cuerpo toma nota perfectamente.

Esta es la primera llamada de la ansiedad, con los siguientes síntomas:
Miedo, inseguridad, preocupación, aprensión, problemas de concentración, dificultad para tomar decisiones, insomnio, sensación de pérdida de control de la propia vida, hiperactividad, pérdida de interés, movimientos torpes, tartamudeo, tics nerviosos.
 
Esta es la segunda llama de la ansiedad, con los siguientes síntomas:
Palpitaciones, presión arterial alta, opresión en el pecho, sensación de ahogo, náuseas, problemas digestivos, diarrea, tensión muscular, dolor de cabeza, fatiga, sudoración excesiva, impotencia, eyaculación precoz.

Es agotador anticiparse al día de mañana por lo que puede llegar a pasar, nuestra mente necesita descanso, démosle la paz.
 
La ansiedad no agota las angustias del mañana,
solo agota la fuerza del hoy.
 
Charles Spurgeon

"Ansiedad contaminante II"

Actitudes que llevarán a lograr cambios en el manejo de la ansiedad:

 

•    Detecta cuales son las fuentes de tu ansiedad.

•    Piensa en las circunstancias que te roban la paz y toma la decisión de abandonarlas.

•    Adopta formas que te permitan disfrutar la vida en calma.

•    Desarrolla nuevos hábitos que te ayuden a sentir paz en tu espíritu y tu cuerpo.

•    Estar informado es bueno, pero no leas ni escuches todo el día noticias.

•    Llena tu vida de lecturas que te enriquezcan.

•    Aprende cada día algo nuevo.  Rompe tus hábitos de seguir aparentando.

•    No uses disfraces para ocultar tus temores.

•    Procura dormir bien y comer sano.

•    Incluye una rutina de actividad física siquiera tres o cuatro veces por semana.

•    Pon límites a las personas contaminantes como son las negativas, descalificadoras, obsesivas.  Las personas que no             aportan nada significativo en tu vida, trata de no frecuentarlas.

•    Acércate a personas exitosas, con mentalidad positiva.  Esa gente es la que añade valor a tu vida.

•    Busca a una persona que necesite ayuda.  Únete a alguna asociación para prestar tus servicios.

•    Recurre a quién te de confianza para que te escuche.  La ansiedad disminuye cuando sacas frente a ti lo que te                       molesta.

•    Crea el hábito de hablar en positivo.  Las palabras tienen el poder de construir o destruir tu presente y tu futuro.

•    Agradece a la vida diariamente por lo menos una cosa positiva que tienes en tu existencia.

•    Haz algo nuevo regularmente.  Atrévete a poner en marcha tu creatividad.  La mediocridad no es para ti.

•    Visualízate como una persona de éxito:  una persona que disfruta la vida y sabe cómo relajarse.

Muy bien, ya tienes ante ti muchas pistas para iniciar un cambio.

 

¿Cuántas veces has leído una lista así de buenos propósitos?

 

Si en este momento no tomas de este escrito al menos un punto para iniciar el día de mañana una dinámica diferente en la vida, de nada sirvió que te hayas gastado tus ojos en esta lectura.

Empieza por la que quieras, pero empieza.  Lo importante es iniciar con un proyecto más lleno de energía.  Que cuando llegue el anochecer, te encuentre con más gozo y menos ansiedad.  Que cuando llegue el amanecer,  no vengan sobre tú cabeza el temor de hacerle frente a un nuevo día.

"Ansiedad contaminante III"

Al igual que las cuerdas de una guitarra para un buen sonido necesitan tensión, el ser humano necesita también una tensión básica.
 
Pero cuando la presión, los estímulos recibidos son muchos o pocos pero muy prolongados, o la combinación de ambos, tiempo e intensidad, se produce un desequilibrio y sobreviene el estrés.
 
Vivir un momento estresante no es lo mismo que vivir estresado.  Lo primero es normal, inesperado, generado por la vida diaria, mientras el segundo es tóxico, buscado por nosotros mismos porque se ha convertido ya en una forma de vida.
 
Surge el estrés cuando hay excesivas demandas exteriores y el organismo no alcanza a hacerles frente.

Cuenta la fábula de Esopo que un ratón que vivía en la ciudad iba un día caminando cuando fue convidado por otro ratón que vivía en el campo y que, en su guarida, le dio de comer bellotas, habas y cebada.  El ratón de ciudad, muy agradecido rogó al de campo que lo acompañara a la ciudad a divertirse, invitación que este aceptó gustoso.
 
Una vez en la ciudad, ambos entraron en una rica despensa del palacio donde vivía el ratón de ciudad, la cual estaba repleta de toda clase de manjares.  Mostrando todo esto, el ratón de ciudad le dijo al otro:  “Come, amigo, come lo que gustes, pues tengo en abundancia”.  Mientras comían alegremente, apareció de repente el despensero y abrió la puerta con un gran estruendo.  Los ratones, espantados, huyeron cada uno por su lado.  Como el ratón de ciudad tenía lugares conocidos para esconderse, rápidamente se puso a salvo, mientras que el otro apenas sabía cómo escapar.
 
Finalmente se fue el despensero, la puerta se cerro y los ratones volvieron a salir.
 
“Ven acá y sigamos comiendo”, dijo el ratón de ciudad.  “Ya ves cuántos manjares tenemos a nuestra disposición”-
“Si, muy bueno está esto”, respondió el campesino.  “Pero ¿este peligro es aquí muy frecuente?”
“Sí”, contestó el otro, “esto sucede a cada instante y por lo tanto, no debemos prestarle atención”.
“¡Oh!”, dijo el ratón de campo.  “¡Esto sucede a diario!.  Seguramente vives aquí en la opulencia, pero sin embargo, prefiero mucho más mi pobreza con tranquilidad a tu abundancia con tal zozobra”.

Todo comienza en tu interior. Si estás en paz contigo mismo y con los demás, nada te moverá de tu sitio. No permitas que la ansiedad llene tu vida. Concéntrate en las cosas importantes, que son las que multiplican tu energía.
 
Por más que la paz cueste, no es cara.
 
Quien no está preso de la necesidad, está preso del miedo:
Unos no duermen por la ansiedad de tener las cosas que no tienen,
y otros no duermen por el pánico de perder las cosas que tienen.
Eduardo Galeano

Bibliografía
“Emociones tóxicas”
Eduardo Stamateas
B, S. A.

 

 
 
 

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